TOTOMOCHTLI

Ana Luisa RG • 27 Septiembre 2021
totomochtli, del nahuatl "maíz"

Al escuchar “sin maíz no hay país” vienen a mí, imágenes, símbolos, colores, olores, sabores; para poder adentrarnos al profundo significado de la milpa, intentaré esbozar el gran collage que vive en mí, con la finalidad de entablar recuerdos colectivos con Ustedes lectores.

[Suena: Welcome to México la tierra del maíz, es todo perfecto aquí y hay lugares donde ir, hay música cultura, la comida es genial! Tenemos una de las 7 maravillas aquí ]

Los mexicanos somos conocidos como “los hijos del maíz”, esta percepción viene del hecho de la cuna de nuestra gastronomía; venimos de la Tierra, pertenecemos a ella; primer imagen: la mazorca.

Para los mayas, aquella mazorca con 260 granos era perfecta, esto, debido a que su calendario constaba de 260 días; es decir, el tiempo es vida, el alimento es vida, por tanto, todo lo que envuelve a la agricultura y devoción; segunda imagen: el ritual.

Es en esta cosmogonía en la que estamos inscritos quienes hemos nacido en este territorio, ¿y qué debo hacer?, volver al origen; la tercer imagen: el tiempo; los mayas decían que el tiempo es arte, por tanto, dedicaban su vida al cuidado de todo lo que les rodeaba, en una comunión con la Naturaleza, ¿dónde y porqué hemos perdido esa comunión? en la terrible Conquista que aquejó a las y los Ancestros; y muy desafortunadamente, esa Conquista se ha vuelto una agenda heredada.

Cuarta imagen: Monsanto. La depredación no sólo viene de las máquinas, de los químicos, si no de la intencionalidad que acompaña a la mente que creó los alimentos transgénicos. Esa realidad es a la que nos han acostumbrado a quienes nacimos en el tiempo del Neoliberalismo; consideramos normal el consumismo. Llegó el “progreso” y todo lo cubrió de gris.

México. Siempre vivo, rodeado de volcanes, ríos, océanos, flores, “farmacias ancestrales” les dicen a las plantas medicinales, dentro de todos esos colores, en cada mes del año se insertan los olores y sabores; quinta imagen: pozole, enchiladas, tostadas, atoles, esquites, tacos, chilaquiles, cada platillo típico, tiene al menos 1 de los 2 ingredientes de la trifecta mexicana: masa, chile y tequila.

Cada platillo guarda en sí, símbolos y significados ancestrales, por ejemplo, el mole, para cualquiera puede ser una simple salsa que acompaña un platillo; para una persona mexicana, es platillo de más de 25 ingredientes, México es como el mole, en donde cabe el chile y el chocolate al mismo tiempo, hay fiesta, hay convivencia, hay familia; hacer mole es hacer ritual, es esperar a cierta época del año, para que los ingredientes frescos sean tratados y sea un “rico molito”.

¿Quiénes defienden estos símbolos? Entre los múltiples movimientos medioambientales, para el tema que nos ocupa, en este día, vamos a rescatar a uno. Sexta imagen: La lucha campesina. Dentro del contexto que se presenta anteriormente, ese collage, esa estampa, diariamente existe una lucha, una defensa de los territorios, para salvaguardar la Naturaleza, que viene a ser la recuperación y la redignificación del territorio Nacional. Son ellos, los guardianes que cuidan nuestros rituales, que cuidan esta Tierra, que no rompen sus ciclos, que escuchan y aguardan.

Hay que subrayar, que cuando se habla de “lucha” en los movimientos sociales, no se hace referencia a una pelea que se inicia de forma deliberada, esta lucha, se desprende de la idea de “no te ataco, me defiendo” ¿qué defiendo? en este caso, más allá de una forma de vida, se defiende la vida en sí misma, pues ¿qué vida puede existir en una tierra arrasada?; sumarnos a la lucha campesina es, informarnos sobre los alimentos transgénicos, la afectación permanente que producen y las victorias que alrededor del mundo se levantan como “territorios libres de transgénicos”, que pudieran considerarse: territorios libres de colonialismo alimenticio; ayudar a la lucha campesina es elegirlos primero al momento de comprar nuestra comida, es dar el precio justo y merecido por el trabajo arduo e incansable que requieren los rituales de la siembre y la cosecha; ayudar a la lucha campesina, es retomar que la diversidad de los tipos de maíz, nos dejan como un paralelismo, la diversidad de mestizaje al que pertenecemos. Apoyar a la lucha campesina, es entender que la tierra y sus leyes son horizontales y que toda forma contraria a ello, nos amenaza.

[Séptima imagen: imagina un México sin maíz] Somos los hijos del maíz, y sin maíz los colores que puedan existir, no se parecen a la vida, a los cantos, a nuestros rituales, por eso, sin maíz, no hay país.