Derecho humano al medio ambiente sano

Jorge Ernesto Corral Mendez • 14 Diciembre 2019
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DERECHO HUMANO A UN MEDIO AMBIENTE SANO, SU CONCRECIÓN CONSTITUCIONAL Y CONVENCIONAL.  

 

Sobre la naturaleza de los Derechos Humanos, puede decirse que existen diversas perspectivas doctrinales que la abordan, empero, son dos las principales, la primera que desde un ángulo positivista asevera que los Derechos Humanos los otorga el estado al gobernado al crearlos en su orden jurídico; la segunda, con una visión naturalista estima que los Derechos Humanos son inherentes al hombre, y que el estado solo los reconoce; ahora, en relación a lo anterior, resulta interesante que el Derecho Internacional asume una postura naturalista, pues el artículo 1° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, establece que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

 

En esta tesitura, los Derechos Humanos desde un enfoque referente a la dignidad humana, pueden ser definidos como “el conjunto de atribuciones reconocidas en los instrumentos internacionales y en las Constituciones para hacer efectiva la idea de la dignidad de todas las personas y, en consecuencia, que puedan conducir una existencia realmente humana desde los ámbitos más diversos, los que se imbrican, como el individual, el social, el político, el económico y el cultural; esto es, los Derechos Humanos van más allá de la igualdad y la libertad, pues atañen a cuestiones como la política y la económica, procurando que la persona se desenvuelva en todos los sectores como medio para garantizar reconocimiento a nivel social; así las cosas, estos Derechos Humanos han revolucionado todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, sin embargo, por su extrema relación, su impacto más significativo ha sido en cuanto a la procuración y administración de justicia se refiere.

 

El derecho humano al medio ambiente sano, conforma al igual que los diversos al desarrollo, a la paz, a beneficiarse del patrimonio de la humanidad o percibir asistencia humanitaria, los derechos humanos de tercera generación, mismos que aparecieron desde la década de los sesenta del siglo veinte; estos, también llamados “derechos de la solidaridad” se caracterizan por la interdependencia, la globalización y la cooperación internacional, por lo que van más allá del Estado bajo la idea de ciudadano global, con un concepto más elevado y ético de la responsabilidad, los cuales son derechos que refuerzan y evidencian la interconexión y dinamismo de los derechos.

 

En síntesis, según se establece en los artículos 1°, párrafos primero, segundo y tercero, 4º, párrafo quinto, 27, párrafo tercero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el artículo 12, numerales 1, y 2, inciso b), del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, articulo 11, numerales 1, y 2, del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales, y Culturales "Protocolo de San Salvador", principios 7, 10, 13, y 15 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, en los Estados Unidos Mexicanos se encuentra positivizado a rango de ley suprema el derecho humano a un medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar del individuo, ello, mediante la protección y conservación de cada uno de los parámetros sobre los cuales se proyecta, siendo estos químicos, físicos y biológicos, amén de las interacciones entre los sistemas ecológicos, y que han permitido nuestra aparición y desarrollo como especie; y bajo la premisa que dicho derecho humano tiene una doble dimensión, una objetiva que converge en el derecho al medio ambiente sano per se, que ampara o protege a todo el sistema equilibrado en el que los elementos bióticos y abióticos confluyen entre si permitiendo que todos los seres vivos del ecosistema cumplan un determinado fin en el constante flujo de energía entre los ciclos biogeoquímicos, y demás procesos  ecológicos esenciales de la biosfera, y la otra subjetiva, pues se ha erigido como un bien jurídico fundamental para la vida humana que, ligado en forma intrínseca a la dignidad, garantiza que todas las personas puedan desarrollarse en un ambiente adecuado y saludable que permita la satisfacción de las necesidades básicas tales como la vida, la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, la protección de la salud, el acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible, una vivienda digna y decorosa, entre otros, que para cuya concreción dependen imperiosamente de la salvaguarda del medio en el que se desarrolla la vida humana; así, dicho derecho humano puede ser subdividido en tres aspectos, el primero de carácter objetivo como manifestación de una garantía preventiva, ya que se le reconoce como un derecho que en forma de obligación correlativa, que constriñe al Estado a vigilar que el mismo no sea violentado, prohibiendo conductas que alteren los parámetros de la biosfera, un segundo semblante subjetivo tutelar de una garantía reactiva, puesto que requiere de la actuación positiva de los poderes públicos para su conservación y tutela; y el tercero atinente a una garantía de efectividad, relativo a la responsabilidad generada por el daño y el deterioro ambiental, considerando que para el mismo incide un deber de respeto erga omnes, y a efecto de lograr su concreción la federación es garante por antonomasia de tal derecho humano.